martes, 29 de mayo de 2018

NO ME GUSTA QUE A LOS TOROS TE PONGAS LA MINIFALDA


No seré yo quien niegue que el conjunto de espectáculos, festejos y eventos que se engloban bajo el paraguas de la tauromaquia tienen en común, en diversos grados, el maltrato a un animal. Creo que ni siquiera los defensores de lo taurino pueden negar esta obviedad, y si lo hacen saben que están haciendo un ejercicio de deshonestidad dialéctica.
Cuando se debate con honestidad la discrepancia no está en la negación del maltrato, sino en si este es moralmente justificable o condenable. Si el hecho de que se trate de una tradición cultural (en el sentido antropológico de la palabra) convierte en tolerable o incluso en positiva esta práctica.
Sin ninguna intención de relativizar la importancia del sufrimiento animal en la postura anti-taurina, me gustaría ahora tirar de este otro hilo, menos habitual en el debate: Las dimensiones antropológico/culturales de la llamada fiesta nacional. Pues creo que en ellos hay elementos de profundidad, que suman al argumentario de quienes nos oponemos al mantenimiento y a la bondad de la tal “tradición cultural.”
Tras de la tauromaquia se esconde la pulsión de la muerte. Morir es el otro lado de la vida, sin muerte vivir no tendría demasiado sentido. El como una sociedad enfrenta este hecho, y su inevitabilidad es una marca de la casa, es un rasgo cultural de primera magnitud. Estoy seguro que los aficionados a los toros, ni desean ni disfrutan cuando una persona muere en un espectáculo de este tipo, ni mucho menos, pero es innegable que sin este riesgo “la fiesta” perdería prácticamente todo su aliciente.  Lo que realmente da sustancia a los “toros”, es el cierto riesgo y el riegos cierto de que alguien puede perder la vida en ellos.
La psicología evolutiva sabe que la etapa adolescente de nuestras vidas conlleva una cierta pulsión de muerte, el riesgo, lejos de ser un freno se convierte en un aliciente, y puede hacer llevar determinados juegos al límite, precisamente porque es arriesgado hacerlo.  Luego esto pasa, afortunadamente, y cuando ya decimos aquello de “fa vin anys que tinc  vint anys” preferimos evitar el riesgo, y limitar los juegos.  En este sentido, la tauromaquia no es sino un signo de la adolescencia cultural de una sociedad, poco justificable si pretende reclamarse como madura.
Por otra parte, el factor riesgo se asocia también al reconocimiento del  “valor” de quien lo asume. La valentía medida desde los parámetros valorativos del modelo patriarcal de sociedad. El valor, asociado a Marte, no en vano signo zodiacal con el que simbolizamos lo masculino.  Con la guerra, el combate, la lucha como los escenarios en los que esa actitud y aptitud se despliega y demuestra. Torero y valiente se convierten en sinónimos en una cultura social que no da valor a Venus. En este sentido la tauromaquia no es sino un signo del machismo cultural de una sociedad, poco justificable si pretende reclamarse como igualitaria.
Cuando un torero muere en la arena, o un corredor en San Fermín, el entorno cultural taurino hace de él un mito, queda automáticamente elevado a los altares del valor y la entrega. Su muerte, que repito no creo que satisfaga a nadie, ni sea por nadie deseada, se ubica en el olimpo de los héroes, de aquellos que han muerto con honor en aras de una causa mayor y más importante que la propia vida. La muerte se ritualiza, y de algo duro y, en este caso, ciertamente evitable, se convierte en  modelo a imitar. En el juego de pelota Maya, el equipo ganador era sacrificado en el altar a los dioses. Morir ritualmente era un honor por el que competían. El sacrificio ritual es un mecanismo muy antiguo, que responde a modelos sociales, a culturas en la que el individuo importa muy poco, y puede e incluso debe ser sacrificado en el altar colectivo. . En este sentido la tauromaquia no es sino un signo de una comprensión de lo social como si fuera una colmena, poco justificable si pretende reclamarse como respetuosa con los individuos.
Y todo ello en el marco del omnipresente modelo capitalista que hace de todo ello un gran negocio, espectacularizando el riesgo el valor y la muerte. Dejando a los demás, pobres mortales, que no tenemos lo que hay que tener para enfrentarse a un toro, el papel de espectadores, admiradores y paganos, de pagar.


miércoles, 30 de agosto de 2017

LA ECOLOGÍA POLÍTICA: MÁS ALLÄ DE LA SOSTENIBILIDAD

Cuando una parte del movimiento ecologista da el paso a “meterse en política” lo hace desde el convencimiento de que tiene elementos muy valiosos y novedosos que aportar, no solamente a las cuestiones de política medioambiental, sino al conjunto de lo político, a saber: el proceso de vivir en y de construir sociedad. La visión ecologista del mundo es mucho más que situar la crisis medioambiental en la agenda.
 
Se trata de una percepción del vivir social desde una perspectiva eco-sistémica. Un ecosistema no se explica desde las partes, los individuos o las especies, sino desde las relaciones que se establecen en él. Un ecosistema nunca está completamente aislado ni cerrado, desde el y mirando sus interdependencias terminamos hablando del universo, que en tanto infinito, nunca deja de proporcionar relaciones que descubrir. En realidad los propios ecosistemas no dejan de ser divisiones tan arbitrarias como cualquier otra, fruto de nuestra limitación, incluso cerebral,  para un conocimiento verdaderamente holístico.
 
Un ecosistema no tiene centro ni cúspide, se constituye en una compleja red de inter-retro-acciones, en la que resulta inútil intentar definir cuál es más importante. Los ecosistemas son autosemejantes, cada parte en la que queramos dividir la realidad es un reflejo de aquella en la que está contenida.
Una visión ecológica rompe con el cartesianismo, tanto con el que enuncia que el todo no es más que la suma de sus partes, como con el que establece una relación lineal entre la causa y el efecto. 

Reniega también del darwinismo mal entendido, que ubica en la competición la única y fundamental explicación al éxito de una determinada especie. Cuando las partes vivas se relacionan provocan sinérgias, verdaderas explicaciones de los cambios y evoluciones. Las causas y los efectos, en realidad conforman bucles, dependerá de por dónde comiences a mirar, una será la otra o la otra la una. Así no hay soluciones fáciles ni simples a lo que en realidad es complejo. Y la cooperación tiene, al menos, tanto peso como la competencia en el éxito evolutivo.
 
No hay espacio ni es la intención de este articulo desplegar todas y cada una de estas afirmaciones, que lo son de algunos y algunas de los miembros más punteros de la comunidad científica.  Abusando así de una consideración axiomática  de las mismas me sirven de pórtico para entrar al contenido central: Las transversalidades necesarias de la ecología política.
 
La primera de ellas es la sostenibilidad. Importante, necesaria, casi diríamos que vital,  pero insuficiente. Las razones y necesidad de la misma pertenecen ya al ámbito de lo evidente, por lo que no las repetiré aquí, más allá de su postulado básico: es inviable y suicida el crecimiento sostenido en un planeta de recursos finitos.
 
El problema de la sostenibilidad es que marca los límites que tiene el seguir haciendo lo mismo que hacemos, en menor medida, pero lo mismo.  Por eso ha sido asumida, al menos en parte, por cualquier actor que no apueste por el suicidio. Y es defendida por las más capitalistas y devoradoras de las multinacionales que en el mundo son. El gran planteamiento que ha de surgir de una mirada ecosistémica a la realidad, es que, con mucha probabilidad, debemos de empezar a hacer otras cosas completamente diferentes.
 
A mi juicio, una de las debilidades del discurso ecologista al uso, es de convertirse sin quererlo en profeta del desastre. Un discurso apocalíptico, que queda en anunciar el fin del mundo sin ofrecer más alternativa que seguir haciendo lo mismo, pero en menor medida. Si hacemos lo mismo pero menos, seremos un poco menos desiguales, pero desiguales, seremos un poco menos consumistas, pero consumistas, y para solo ser un poco menos, yo me sigo apuntando a la parte de los que tienen más o que consumen más, y el que venga detrás que arreé.
 
Así, a más de la sostenibilidad, una política de corte ecologista ha de incorporar otros transversales. Enuncio algunos: Lo común, desde lo más común que tenemos, que es la casa que habitamos, el plantea, pasando por sus recursos que son comunes no solo  a los humanos, y terminando en lo social, modelo común de convivencia. Lo común posee como característica que es de todos y de cada una,  a la vez. Y  por eso es disfrutado, defendido y gestionado por todas y cada uno. 
 
Lo común nos lleva de la mano a los cuidados y a la cooperación. Como nuevo transversal propositivo y con potencialidad transformadora. El cuidado del otro y de lo otro, que es igual pero diverso, y por tanto enriquecedor. La cooperación que nos lleva a olvidarnos de la reclamación igualdad de oportunidades, porque la vida no puede ser una carrera, y a centrarnos en reclamar la igualdad real en la diversidad.
 
El ya viejo, pero no por eso menos actual transversal de la glocalidad. Es en lo cercano donde se juega lo global. El cambio climático se nota en mi escalera, y su freno comienza en el rellano. La exclusión social la sufre mi vecina, y la integración empieza en mi calle, con ella.
 
Lo humano no es ninguna cúspide evolutiva. No es mas, ni menos,  que otra de la hebras de la trama de la vida. Las políticas ecologistas están libres de antropocentrismo. No hay jerarquías en la toma de decisiones. El dilema entre empleo y conservación del medio no es real. La mina no es buena porque genera empleo y la central nuclear tampoco. Hay que generar maneras de vivir y de trabajar conservando el medio. Los toros no son más importantes, ni menos, que el torero. y tan deleznable es el hecho de la tortura de un animal, como el de un espectáculo en el que el aliciente es el riesgo de una vida humana.
 
No hay dimensiones centrales de lo social humano. La economía es solo otra dimensión, y el asunto central no es la propiedad de los medios de producción, ni la estratificación en clases sociales, por mas que se trate de dos asuntos importantes. son solo dos mas de los asuntos de lo social. Ni mas ni menos importantes que la desigualdad de genero o de edad, o que la capacidad de decisión política, o que la acumulación de capital relacional o cultural.
 
Las divisiones tradicionales en la acción política no tienen mas sentido que un mero mapa para no perderse, pero la ecología política sabe que le mapa no es el territorio. No ha de haber política económica, laboral, cultural, social… o si, pero no es esa división la que justifica las prioridades. Ha de haber políticas sinérgicas, es decir, aquellas que desarrollen y hagan avanzar a la vez varias dimensiones en su interelación. Esas han de ser las elegidas al optar,
 
Son más, pero aquí paro. En EQUO andamos por ahí. No somos esto, vamos siéndolo, porque el vivir en gerundio es el último de los transversales de los que hablaré. La ecología política no es ni puede ser, sin traicionarse a si misma, una ideología cerrada y completa que limite la comprensión del mundo dentro de un marco rígido, al que si se le presentan inéditos tenderá a rechazarlos.
 
Estoy convencido que eso que llamamos las fuerzas del cambio necesitan de la ecología política, necesitan de EQUO. Desde la humildad que exige la coherencia con todos estos transversales, se trata de una fuerza política con perfil propio que tiene grandes novedades que aportar, que ofrecer y que construir. Así, cualquier intento interno o externo de reducirnos a la categoría de especialistas en pájaros y flores, o aún en sostenibilidad, será una perdida para todas, incluso para quien, legítimamente, no se considere ecologista.

lunes, 8 de junio de 2015

SOBREVIVIR, VIVIR BIEN Y BIEN VIVIR: Una lectura de las pasadas elecciones a la luz de lo que se nos viene encima.


He preferido esperar un poquito de tiempo, porque la euforia no suele ser buena consejera para estimular la reflexión, a la vez que para permitirme disfrutar de lo que seguramente ha sido mi “primera vez”. Ya no soy virgen en lo que a ser parte del bando ganador en una votación se refiere, incluidas las de la comunidad de vecinos.

Pero ahora que se acerca el momento de dejar de festejar y continuar trabajando, es llegada la hora de pararse y pensar, y de compartirlo por si sirve. No voy ha hacer un análisis de los resultados pues ya hay muchos y muy acertados, o al menos no pretendo hacerlo al uso, sino intentar mirarlo desde una perspectiva diferente, quizá más de hondura o de largo recorrido.

Primero de todo, y como lo decíamos antes, creo que hay que segur diciéndolo, el partido ganador de estas elecciones municipales y autonómicas ha vuelto a ser el partido de los que no han votado. La abstención sigue ganando elección tras elección, o todo lo más empata con el que mas votos ha obtenido.

Dentro de ese 30-35% de no votantes, hay una pequeña porción (de imposible cuantificación) de gentes con un no voto consciente y combativo. No hablaré de ellos, pues dentro de mi heterodoxia ideológica, los considero de los míos. Si lo haré de los demás, y en especial de aquella parte de los abstencionistas que lo son por estar en ese lugar social en el que no cuentan, ni siquiera para esto.  Gentes, siguiendo el lenguaje mas en boga, de los de abajo del todo, a los que seguimos sin llegar, sin ser capaces de movilizar y de implicarles en el juego colectivo de la participación democrática, ni aún en su expresión más superficial de depositar un voto cada cierto tiempo. Un primer colectivo de “sujetos” que no lo son, porque su horizonte vital está sustancialmente en el “sobrevivir”

Segunda cuestión, a tener en cuenta, el PPSOE, al que hay que incorporar al emergente Ciudadanos, tiene un chacho largo y grande. Sin aburrir con datos y casuísticas, el PP es el partido más votado en general, y en los procesos autonómicos, un PSOE que no se ha renovado en absoluto sigue siendo el segundo, sin ambages ni aproximaciones que puedan hablar de empates o victorias pírricas.

No aporto nada nuevo al suscribir el análisis de coyuntura que ve claro que donde ha habido procesos de convergencia real, de novedad política y no solo de caras o siglas (algunos grandes ayuntamientos)el PSOE se ha ido al tercer lugar, igualmente sin ambages. Parece claro que el cielo si que hay que consensuarlo.

Pero esa coyuntura está aún muy lejos de dejarme satisfecho. Lo que explica que, en el largo recorrido, el entramado PPSOE+C’s, (al que habría que sumar una buena parte, la mayoría me atrevo a decir, de los votos de las demás opciones alternativas) mantenga su gran tajada, es que su proyecto cuenta con un “sujeto”.

¿Y quien ese sujeto?  Pues todo el entramado de personas que tienen o aspiran a “vivir bien”. Resulta evidente que es infinitamente superior el numero de los aspirantes que de los reales “bon vivants”. Pero unos y otros es decir aquellos que nos hemos creído el sueño del capitalismo, de que con nuestro esfuerzo individual podremos llegar a tener de todo, de sobra,  y quien no, pues será que no lo merece, continúan siendo una abrumadora mayoría social, sujeto político clave. Y, en cuanto tal, con la capacidad de mantener el chiringuito tal cual.

Creo que el cambio al que aspiramos algunos, tiene como primera y principal dificultad la ausencia de sujeto. El colectivo de personas que estamos aprendiendo a construir la “vida buena” somos una exigua minoría, a pesar de la cantidad de votos que se hayan conseguido en una coyuntura de deslegitimación de los actores que no del drama.

El drama, como metáfora del modelo social, permanece intacto en el inconsciente colectivo, quizá un poco alterado, cuestionado en sus formas, con una gran nivel de hartazgo al comprobar que eso de los “méritos” tiene que ver más con el choriceo que con otra cosa, pero que puede desarrollarse adecuadamente si somos capaces de cambiar la “compañía” que lo representa.

 El gran reto que tenemos por delante es el de construir-nos como sujeto político de la “vida buena”, hasta lograr ser esa mayoría social conformada como tal, que incorpore no como “destinatarios”  a esos que son hoy sujetos del “sobrevivir”.

Las semillas están plantadas, los procesos de convergencia vividos las tienen, solo hemos de ser capaces de dejarlas crecer, de regarlas y mimarlas.  Desaprender lo que sabemos, reconocer que no son, no pueden ser las organizaciones tradicionales, y menos aún en solitario, los instrumentos que necesitamos, sin por ello tirar al niño con el agua sucia. Que las identidades no son castillos a defender, sino riquezas a compartir para reelaborar-nos. Que no puede ni debe haber vanguardias. Que la vida de la gente es policentrica, y esto es bueno, por lo que nadie puede aspirar a convertirse en institución total.

Dialogo, consenso, participación, pequeñas experiencias de inéditos viables, y trabajo, trabajo y trabajo. Y si además de todo esto, tenemos unas instituciones facilitadoras pues miel sobre hojuelas, pero sobre todo, conciencia de lo lejos que aún estamos, de ese cielo consensuado. Paciencia y procesos. Alegría por el mini paso, pero alerta para no perder el norte.

martes, 28 de abril de 2015

DESECHOS HUMANOS


La ultima ocurrencia de la candidata popular al ayuntamiento de Madrid, aspirante a la sucesión de Rajoy, condesa, y no se cuantos cargos más, Esperanza Aguirre, no por recién expresada me resulta novedosa. Me refiero a la idea de prohibir dormir en la calle a las personas sin hogar, porque “espantan” al turismo. No es la primera vez que, con esta u otras formas, nuestros poderosos gobernantes proponen como solución ocultar el problema, y así, ojos que no ven…

El asunto es, en cierta medida hasta honesto. Y digo honesto en el sentido que no oculta el pensamiento real de quien hace la propuesta, evidentemente por nada más. Al menos Esperanza Aguirre expresa abiertamente lo que piensa de las personas que sufren la realidad más dura de la exclusión social. Simplemente no los considera personas. Son deshechos, basura que hay que barrer para que los turistas puedan hablar de  Madrid como una ciudad limpia en la que uno puede disfrutar de su merecido descanso sin tener que ver cosas desagradables. Una honestidad de pensamiento que seria de agradecer si no provocara el vómito.

Pero dejando ya tranquila a la susodicha, en la confianza de que ella haga lo mismo con nosotros, no estamos sino ante una manifestación extrema de un asunto mucho mas hondo y extendido de lo que parece. Invisibilizar lo que no nos gusta, como mecanismo para no hacer lo que podría evitarlo no es algo ni nuevo ni, por desgracia desterrado ni en la acción política ni en la vida cotidiana.

Le exclusión social, en cuanto fenómeno que va mucho más allá de la pobreza, es la manifestación mas evidente del fracaso de una sociedad que se diga a si misma democrática, social y de derecho. Y los datos del último informe de Cáritas, nos dan una cifra del 25% de la población en España en el año 2013. Uno de cada cuatro ciudadanos.

Pero si profundizamos un poco en los datos, vemos que la crisis, como no podía ser de otra manera,  ha incrementado las cifras hasta ese umbral, pero antes de ella, el porcentaje de personas en situación exclusión social era del 16%, ( año2007) lo que significa que dos de cada tres personas en exclusión ya estaban entre nosotros antes de la crisis. O dicho de otra manera, nuestra sociedad ya había fracasado cuando aquí se ataban los perros con longanizas.

Y ni antes ni ahora, la exclusión social esta en el centro del debate político y social. Era y es una realidad invisible, afrontarla no tiene rédito electoral, ni moviliza voluntades y luchas sociales, o al menos no lo hace en la medida que la gravedad del asunto merecería.

Porque claro, nuestra cultura del éxito individual no concibe la asunción colectiva de un fracaso. No, quien fracasa tiene la culpa de ello, se lo ha buscado, no merece otra cosa… Nadie reconoce que en su éxito hay mucho de suerte, de ayuda de otros, de herencia recibida (y no sólo económica), de relaciones sociales… No decimos que eso de la igualdad de oportunidades que pregonamos no es más que un cuento chino que nos gusta creernos para no reconocer que en eso de la competencia, hemos hecho algunas trampillas, hemos tomado algunos atajos y hemos pisado algún que otro callo.

Hablando ahora de políticas, de nuevo nos enfrentamos a una colonización de nuestro lenguaje por parte del de la derecha liberal, y todos manejamos como si tal cosa el concepto del “interés general” como principio de las propuestas y de las acciones. La diferencia está en la “cantidad de gente” que incluimos dentro de esa “generalidad interesada”.  Cantidad que se va reduciendo en la medida que te mueves hacia la derecha del espectro, pero que en la izquierda tampoco suele incluir a tod@s.

Nos lo han vendido y lo hemos comprado. Es otra forma de decir eso que se repite ahora de la “centralidad”. Gobernar y proponer para la mayoría, para las “clases medias”,  esa entelequia sociológica que aun nadie ha conseguido explicar convincentemente, pero que todos manejamos como si existiera.

Me gusta mucho más hablar de “bien común” y no es por manía nominalista, es que el decir nos conforma el hacer, y el hacer nos empuja a decir de una determinada manera, con perdón del retruécano.

Esto del “bien común” me lo explicaron hace tiempo con una metáfora extraída de la organización social de lo común: las comunidades de regantes.  En algunos lugares, estas agrupaciones se rigen por normas cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Una de las más curiosas es la que otorga la presidencia de la comunidad, y por tanto la capacidad del voto de calidad, de manera vitalicia al propietario de la ultima tierra regada por el agua del que se trate. Así, a primera vista, parece poco democrático, pero desvela una sabiduría honda: si al “último” le va bien, la cosa funciona razonablemente.

Así pues, lo general no es lo común, la mayoría no es el todo. Pero además, el interés no es, necesariamente el bien. No todo lo que nos interesa es bueno. No todo lo que deseamos es una necesidad. No siempre más es igual a mejor. De hecho la mayoría de las decisiones que tomamos, personal y colectivamente no responden a la “racionalidad del homo economicus”, y menos mal que esto es asi.

Creo que es muy necesario que nos pongamos a construir metáforas propias. Si lo del bien común no nos vale, inventemos otras, pero hagámoslo. Lo contrario es hacer lo de la ínclita, mirar para otro lado para no ver lo que no nos gusta y así poder pasear tranquilos de turistas por la vida. Desde una nueva metáfora, pensaremos otras políticas en las que la diferencia no sea la cantidad de gente que entra, porque nadie queda fuera.

sábado, 25 de abril de 2015

EL MINOTAURO GLOBAL


Confieso que aún no lo he leído, y tengo ganas de hacerlo, pero ya solamente el titulo del libro del archi-famoso ministro griego de economía, Yanus Varufakis, resulta en si mismo toda una provocación a la lectura y a la reflexión. Me refiero, como no, al “minotauro global”.

Admiro profundamente a esa gente que con una sola frase, o en este caso con dos palabras,  es capaz de decir tanto, de ofrecerte una pildorita fácilmente memorizable, a partir de la cual se te desencadenan toda una suerte de contenidos complejos. Desconozco si la genialidad es del autor, o de algún anónimo editor o publicista, en cualquier caso, mi enhorabuena.

Aunque es de sobra conocida, conviene refrescar un poquito la historia original a la que el titulo nos remite. El mito de Teseo y el minotauro.

Teseo, era hijo de Egeo, rey de Atenas que había perdido una guerra, cuyo origen no viene al caso, frente a la ciudad de Creta. Como parte de las clausulas de rendición, todos los años la ciudad de Atenas debía entregar a la de Creta 14 jóvenes (en paridad de género) para servir de alimento al minotauro que habitaba el laberinto en la ciudad vencedora.

Evidentemente, esto no era del gusto de la ciudad perdedora, y mucho menos de los catorce seleccionados. Los Atenienses estaban un poco hartos de ello, así que un año de aquellos, a Teseo se le ocurrió la idea de ofrecerse personalmente para encabezar la lista cremallera de ese año, con la intención de acabar con el famoso bicho come jóvenes. A papi Egeo no le gustó un pelo aquello, una cosa era sacrificar a otros, pero a tu propio hijo… la historia no nos relata el proceso de primarias que hacían en Atenas para elegir a los candidatos a hamburguesa, pero sabiendo como sabemos lo democráticos que eran, nos podemos hacer una idea.

Pero el caso es que, como bien sabemos, cuando a un adolescente se le mete una idea en la cabeza, no hay papá que sea capaz de impedírselo, y ese año Teseo fue cabeza de lista y para Creta partió con sus otros trece compañeros de destino. Llegados allí, y mientras esperaban el turno de entrar al laberinto, Teseo conoce a Ariadna, hija de Minos, para mas señas rey de Creta, y claro, se enamora como un burro.

Al parecer, el amor fue también correspondido, pues la princesita de Creta, ante el inminente final de su breve romance, se decidió a echar una manita a Teseo, y le entrego una madeja de hilo (de oro según fuentes generalmente bien informadas) para que este la fuera deshaciendo en el laberinto, de tal forma que luego, una vez acabado con el minotauro, pudiera volver a salir.

Y dicho y hecho, hacia el centro del laberinto partió Teseo, con su madeja que lo mantenía en un leve contacto con el exterior. De lo que pasó realmente dentro solo contamos con la versión de Teseo, pues como efectivamente el minotauro resultó muerto, no pudo contarla. Entonces, y siempre según la única fuente disponible, el muchacho comenzó a dar vueltas y vueltas hasta conseguir agotar la mitológico bicho, que una vez exhausto, fue muy fácil de rematar. Y siguiendo el hilo de la madeja, salir del laberinto resultó como un juego de niños.

Ahora es cuando viene eso de “y fueron felices…”, pero no, resulta que los griegos eran mas sabios y la cosa no termina tan bien, especialmente para alguien, ¿adivináis quien?... Pues de camino hacia la patria de Teseo, donde se dirigían a culminar su historia con un matrimonio como debe ser, en una paradita a repostar, se olvidaron tontamente de Ariadna y se la dejaron en una isla cual perro en una gasolinera. Eso si, el tal Teseo si que acabo de rey, y no solo de Atenas, sino también de Creta, pues al final si se casó, pero con la hermana de Ariadna.

Con mis disculpas por las licencias, hasta aquí la historia. Y ahora la otra, que es la que interesa. Varufakis nos hace su propia interpretación del momento actual, entendiendo por tal la evolución del sistema económico y político mundial al menos desde los años 70, usando la metáfora del minotauro, pero con la diferencia de que este no está circunscrito a la realidad de dos ciudades, sino que ejerce su influencia a escala global.

Ese monstruo nos pide víctimas y si no se las proporcionamos voluntariamente, amenaza con devorarnos a todos.  Y en tanto le hemos alimentado, ha ido engordando y requiriendo cada vez más, hasta el punto en que la lista de gentes que han de ser sacrificadas en su honor excede ya la tasa de reposición, con lo que el efecto final, si acaso mas lento pero no por eso menos eficiente, terminará siendo el mismo: tod@s vamos a ser devorad@s.  El Papa Francisco lo ha dicho en términos menos metafóricos pero más contundentes: “esta economía mata”. Breve pero claro.

Sin haberlo leído no me atrevo a más, pero tampoco era la intención de este post, profundizar en un análisis del Minotauro, ya bastante hecho y bastante compartido, sino, aprovechando la multitud de hilos de la historia que nos sirve de excusa, tirar de otros que tienen que ver más con los Teseos, las Ariadnas y los laberintos.

Si miramos la realidad que nos rodea, seguro descubrimos muchos Teseos. Muchas personas que han decidido que esto tiene que acabar. Gentes que dan un paso al frente y no se resignan a que el minotauro siga engordando y reclamando su parte, que al final como hemos visto, terminaremos siendo tod@s. Personas, que, en su mayoría, son  “buena gente” y gente corriente. Por primera vez en mi vida, me encuentro en la tesitura más que probable, de tener amigas y conocidos que van a ser concejales o diputados autonómicos. Y ni yo ni ell@s nos hemos movido de donde estábamos. Ole por ellos y ellas.

El personaje de Aridana me parece el más lúcido de todos los que aparecen en la historia. Es la única que se da cuenta de la doble dificultad del asunto. Que el tema no se soluciona solo con entrar y matar al bicho, sino que, además, hay que salir del laberinto. Piensa y descubre que el problema es doble y complejo, y que tan peligroso es el minotauro como el propio laberinto. Que lo mismo da morir devorado que perdido por inanición en sus pasillos.

La realidad del momento también me ha puesto delante de los ojos muchas Ariadnas, que si bien no van a entrar en el laberinto, si se quedan en la puerta sujetando la punta del ovillo para que, una vez dentro, los Teseos no se pierdan. Porque la experiencia nos avisa que el laberinto de la presencia en las instituciones, o dicho de otra forma, el laberinto del poder, ofrece multitud de trampas, de tentaciones, de vericuetos que puede acabar haciéndonos perder el norte, y que todo cambie para que todo siga igual. Hay que ganar, claro que si, ha que conquistar el poder, no me cabe duda, pero no de cualquier forma ni a cualquier precio.

El minotauro no es domesticable, ni el laberinto es un lugar adecuado para vivir. O matamos al minotauro y convertimos el laberinto en un lugar habitable para tod@s, también para Ariadna, o para ese viaje no hacen falta alforjas. Y eso no se conseguirá solo desde el ejercicio del poder. Corremos el gravísimo riesgo de pensar que como ya gobernamos (si es que lo hacemos), todo lo demás sobra. Que una vez dentro, podemos romper el hilo que nos une con lo de fuera y ya nosotros solitos podremos con el bicho.

Experiencias en este sentido ya tenemos.  Y atisbos de que algunos no tendrían ningún reparo en repetirlas, también. Creo que la lección de Ariadna, con su lucidez inicial y su torpeza posterior al subirse al barco como “consorte” ha de iluminarnos.

Tenemos que comprender, asumir y gestionar la paradoja del dentro/fuera. Dos lugares que no pueden ser antagónicos, sino que pueden y deben complementarse. El poder político siempre va por detrás de la sociedad que gobierna, y siempre se resiste a dejarse interpelar por ella. Sin sociedad, sin comunidad, el poder es despotismo y oligarquía.

La conquista del poder político, (si es que se logra, que no me gusta vender la piel del minotauro antes de cazarlo) se hará en un contexto en el que la cultura social es la que es. Tendremos unos gobernados que desean cosas diferentes a las que realmente matarán al bicho y rehabilitarán el laberinto.  

Quizá se conquistará el poder desde eso que se ha llamado “la centralidad”, pero esa centralidad habrá de ser descentrada, porque el centro de la cultura que hoy nos domina, no es sino el discurso del minotauro. Y en ese trabajo de descentramiento, los de fuera juegan el papel central. La cultura no se cambia a golpe de decreto ni de presupuesto, y dentro del laberinto, no hay más herramientas, descartadas, por supuesto, las de la imposición represiva.

Sepamos, los que no nos hemos atrevido a entrar en el laberinto, sujetar con firmeza el hilo que ahora nos une. No permitamos que lo corten, y si lo hacen, mandaremos a otros. El otro día en un acto, escuche decir a un compañero, de esos que seguramente entrarán: “Sé que vamos a ganar, lo que no sé es cuando”. Ese cuando será el día que ese hilo no sea tal sino una fuerte maroma. Y ese día no será el final de nada, sino el comienzo de todo. 














sábado, 21 de marzo de 2015

GRACIAS COMPIS

Cuanta gente buena que ha dado un paso al frente, que ha dicho que ya va bien de políticos profesionales, que ya es hora que los ciudadanos corrientes y molientes tomemos partido, y nos embarquemos en la aventura de gestionar la ciudad. Supongo que sus noches en vela les habrá costado, tomar la decisión de presentarse a las primarias y de dedicar los próximos cuatro años de su vida a ser agentes activos del cambio. Haciendo equipo con otros y otras, que desde una pluralidad de posiciones políticas hemos llegado a poner en valor lo que nos une.

Sin animo alguno de desmerecer a los demás, aquí os dejo la lista de personas que han hecho esto desde EQUO, desde el compromiso por llevar la ecología política al Ayuntamiento de Madrid, por si queréis apoyarlos con vuestro voto en las primarias que están al caer.

CANDIDATURA
Nombre y perfiles sociales
TOMA MADRID
José Luis Rey Pérez
@jluisreyp
TOMA MADRID
Javier Santamaría López
@NuclearNOxD

MADRID INCLUYE
Iván Pérez Marinas
@IvanPzMarinas
http://t.co/ipvgNgLrzU
MÁS MADRID
Inés Sabanés Nadal
@isabanes
https://www.facebook.com/ines.sabanesnadal
MÁS MADRID
Beatriz del Hoyo Blanco
@bdelhoyo
MADRID EN MOVIMIENTO
Ainhoa Granero Sainz:  
@Jainoita


Muchas gracias compis.



viernes, 30 de enero de 2015

ASÍ COMO NOSOTROS PERDONAMOS...


Hace ya algunos años nos levantamos un día con la sorpresa de que nos habían cambiado el padrenuestro de toda la vida. Por si tu  eres tan asquerosamente joven que ni eres capaz de recordarlo como era, te diré que se decía: “perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”, en lugar de lo de las ofensas que se dice ahora. No quiero entrar en cuestiones teológicas, que para eso doctores tiene la iglesia, o en la mayor o menor claridad lingüística del cambio.

Cogiendo el rábano por las hojas, me ha vuelto a la memoria que ya por entonces comentábamos como, para determinadas personas , aquello de decir todos los días que debían perdonar deudas no  habría de ser especialmente grato. Y supongo que sin entrar tampoco en profundidades religiosas, el cambio les supuso un alivio cotidiano. Banqueros e inversores de misa y comunión diaria debieron respirar aliviados, ya ni siquiera debían confesar, añadiendo además, que al hacerlo sin propósito de enmienda, volvían a pecar, y aquello podía convertirse en un agobiante circulo vicioso.


De deudas y perdones se está hablando mucho en estos días. No tengo la intención de abundar en los argumentos más y mejor expuestos por otros. La innegable imposibilidad de devolver una deuda que supone el 170% del PIB de Grecia, o del 100% como en nuestro caso. La inoperancia de las políticas impuestas por los acreedores, máxime cuando ya era sabido, pues fueron exactamente las mismas que se impusieron a los países de América Latina en los años ochenta, con idénticos resultados. Imposibilidad e inoperancia tímidamente reconocidas, incluso, por quienes han sido sus impulsores (FMI dixit)

Quiero hablar de un argumento que me ha llamado poderosamente la atención. Un recurso que están empleando con cierta frecuencia, porque se trata de algo que es fácilmente comprensible por el común de los mortales, que de economía  sabemos lo justito. Resulta que de esa barbaridad de dinero que los griegos deben, aproximadamente 26.000 millones nos los deben a nosotros. Y cuando digo nosotros, me refiero al estado español.

Se lo he escuchado a Luis de Guindos, a Cospedal, a Pedro Sanchez… y es un dato que se repite en todas las tertulias, incluso en las pocas que quedan mínimamente serias. Se trata del argumento definitivo, del  tapabocas final para quienes defienden la necesidad de apoyar los impagos, quitas, condonaciones o reestructuraciones, que con todas esas palabras se suelen referir a cosas parecidas. Porque una cosa es predicar, oiga,  y otra bien distinta dar trigo.

Y lo realmente malo es que funciona. Aún no he escuchado una respuesta inteligente. Nadie se atreve a hacerlo. Se suele eludir, hacer como que no se ha oído. Y a mi modo de ver, la pregunta, no por falaz es inoportuna.

Podríamos argumentar que 26.000 millones es un cuarto de los que nos ha costado el rescate de las cajas de ahorro, que ya nos van diciendo, que no se va a recuperar. Pero eso no importa, ahí si que perdonamos y nadie se despeina, debe ser que hay deudores y deudores, pero eso no es posible, nuestra constitución nos proclama iguales.

No se como tasar la aportación de Socrates, Platón , Aristoteles y compañía, no se si con 26.000 millones llegamos a devolvérselo a los griegos. Porque claro, habría que calcular el impacto de la inflación desde el 400 a.c. hasta ahora. Y ni Piketty se ha atrevido a ir tan atrás. A más de la complejidad de conocer la parte alícuota de España, dado el peso de Maimónides y Averroes,  más propios del solar patrio.

Pero a pesar de todo esto, la pregunta me parece que sigue siendo pertinente, es más, lo suficiente como para que nos resulte impertinente. Llegado el caso, y parece que así es, y dejando ya el tono irónico, creo que hay que atreverse a decir que si. Naturalmente que si. Y no sólo por aquello de que nosotros también debemos, sino por sensatez y responsabilidad para con la humanidad y su proyecto de hacerse.

Habíamos quedado en que hay que hacer las cosas de otra manera, y estoy convencido de que es así. Habíamos dicho que la economía ha de ser un instrumento al servicio de las personas, y no al revés. Habíamos dicho muchas otras cosas, que valen incluso, cuando se nos pregunta por los casi 500 euros a los que tocamos cada español de la deuda griega.

Otra cosa será la manera de hacerlo, quien ha de renunciar a más y porque. ¿Quien es el responsable máximo de que las cosas estén en este punto?, y es de justicia que a mas responsabilidad, mayor cuota en el balance de perdidas. Porque no cuela, ya no, aquello de echarle la culpa a un señor de Murcia que vivió por encima de sus posibilidades. Pero este es un asunto complejo, que me desviaría del objetivo de esta entrada aunque no quería dejar de apuntarlo.

El argumento funciona porque nos tienen colonizados con su discurso, con su comprensión de cómo debemos ser, con la entronización de la racionalidad como criterio humano de decisión y me explico.

La ciencia, la biología, nos denomina como "Homo Sapiens", el hombre que sabe. Somos animales dotados de razón. El ser humano tiene una disposición mental que suscita un conocimiento objetivo del mundo exterior, elabora estrategias eficaces, efectúa exámenes críticos, y opone el principio de realidad al principio de deseo.

El concepto "homo sapiens" pone la racionalidad en el centro de la definición de lo humano,  y dejando ahora de lado lo estrecho de esta comprensión de las personas, el olvido de todo lo emocional, y de tantas otras cosas, aún la antropología liberal, esa que nos tiene colonizados y colonizadas, además, lo concreta (y reduce) a dos dimensiones.

Somos "Homo faber", que aplica su razón fabricando útiles, desarrollando la técnica; y somos "homo aeconomicus", es decir, le añade la búsqueda de la utilidad, de la eficacia y la eficiencia para la consecución del propio interés. Homo aeconomicus que está en la base de la comprensión antropológica de los fundadores de la ciencia económica y que el propio Smith resumía como la “propensión del hombre a cambiar bienes por bienes, bienes por servicios y unas cosas por otras”

De tal manera que el ser humano evalúa la realidad, utiliza una manera de conocer, para aplicarle aquella técnica que le lleve de la manera mejor y más eficiente a la consecución del fin perseguido, siendo éste siempre su propio interés individual o colectivo. Y en esta definición agota toda su comprensión de sí mismo.

Por tanto, desarrolla y despliega toda su potencialidad hacia el "cuantum", hacia la cantidad. Genera la teoría del crecimiento sostenido (como opción racional). El progreso humano significa siempre "lo más", tener más, correr más, hacer más… Palabras como producción, eficiencia, productividad, crecimiento invaden la comprensión del conjunto de lo humano. Erich Fromm decía ya en 1964:

“El uso del hombre por el hombre es expresivo del sistema de valores que sirve de base al sistema capitalista. El Capital, pasado muerto, emplea la vitalidad y la fuerza del presente. En la jerarquía de valores del capitalismo, el capital ocupa un lugar más alto que el trabajo, las cosas acumuladas más que las manifestaciones de la vida. El capital emplea trabajo, y no es el trabajo el que emplea el capital. La persona que tiene capital manda a la persona que “solo” tiene su vida, su destreza humana, su vitalidad y su capacidad creadora. Las cosas están por encima del hombre. El conflicto entre capital y trabajo es más que el conflicto entre dos clases, más que la lucha por la participación en el producto social. Es el conflicto entre dos principios de valoración: el conflicto entre el mundo de las cosas y su acumulación, y el mundo de la vida y su productividad“

Quien así se auto-concibe así, acepta sin grandes problemas la contradicción cuando de perdonar deudas se trata.  Tenemos el enemigo muy, muy dentro de casa. Yo renuncio a mis 500 pavos. ¿Nos atrevemos a decirlo?